Martín y Adrián habían sido muy buenos amigos desde que eran pequeños, iban al colegio juntos, jugaban juntos en el recreo…incluso por las tardes hacían los deberes juntos porque vivían muy cerca.

A Martín le gustaba mucho el fútbol, su nueva pandilla de amigos le conseguía entradas para todos los partidos y además en zona privilegiada…poco a poco Martín fue cambiando su forma de ser, de vestir…
Martín se había rapado la cabeza, llevaba chapas con símbolos racistas…y nunca hablaba con Adrián, cuando le veía le ignoraba o junto a su nuevo grupo de amigos se burlaba de él.
Un día por la tarde Martín se puso sus botas negras, su cazadora, su mochila y se fue al metro donde había quedado con sus amigos para ir a echar un partido de fútbol contra sus nuevos amigos, pero en realidad no fue así. A Adrián le extrañó que Martín fuera a jugar al fútbol así vestido, ya que por la ventana había visto que lo que Martín llevaba en la mochila era un palo de madera muy parecido a los de béisbol, así que decidió seguirlos. Martín y sus amigos si se dirigían a un campo, pero a uno al que nadie les había invitado. Los nuevos amigos de Martín les quitaron la pelota a unos colombianos que había jugando al baloncesto y de repente sin mediar palabra todos abrieron sus mochilas y durante varios minutos solo se vieron volar cadenas gruesas y grandes palos como el que Adrián pocos minutos antes había visto en la mochila de Martín. Aquello se convirtió en una batalla campal.
Alguien avisó a la policía y en pocos minutos se presentaron allí, los nuevos amigos de Martín salieron corriendo y Adrián salió de detrás del edificio desde donde les estaba espiando y ayudó a la policía con los datos de Martín y el número de teléfono de sus padres, después llamaron a una ambulancia para poder llevar a Martín al hospital y curarle ya que tenía un par de brechas en la cabeza y magulladuras por todo el cuerpo.
Cuando llegaron al hospital y a Martín ya le habían curado las heridas, de repente por sus mejillas comenzaron a caer dos lágrimas y de su boca salió un lo siento, Adrián le miró y lo único que hizo fue darle un gran abrazo y decirle-¡estás mejor con el pelo largo!-.Los dos sonrieron y desde entonces Martín y Adrián volvieron a ser los amigos que desde pequeños habían sido.