jueves, 4 de noviembre de 2010

Un nuevo grupo de amigos...


Martín y Adrián habían sido muy buenos amigos desde que eran pequeños, iban al colegio juntos, jugaban juntos en el recreo…incluso por las tardes hacían los deberes juntos porque vivían muy cerca.
Pero cuando fueron haciéndose mayores Martín comenzó a juntarse con un grupo de gente que no admitía a Adrián, porque era ecuatoriano.
A Martín le gustaba mucho el fútbol, su nueva pandilla de amigos le conseguía entradas para todos los partidos y además en zona privilegiada…poco a poco Martín fue cambiando su forma de ser, de vestir…
Martín se había rapado la cabeza, llevaba chapas con símbolos racistas…y nunca hablaba con Adrián, cuando le veía le ignoraba o junto a su nuevo grupo de amigos se burlaba de él.
Un día por la tarde Martín se puso sus botas negras, su cazadora, su mochila y se fue al metro donde había quedado con sus amigos para ir a echar un partido de fútbol contra sus nuevos amigos, pero en realidad no fue así. A Adrián le extrañó que Martín fuera a jugar al fútbol así vestido, ya que por la ventana había visto que lo que Martín llevaba en la mochila era un palo de madera muy parecido a los de béisbol, así que decidió seguirlos. Martín y sus amigos si se dirigían a un campo, pero a uno al que nadie les había invitado. Los nuevos amigos de Martín les quitaron la pelota a unos colombianos que había jugando al baloncesto y de repente sin mediar palabra todos abrieron sus mochilas y durante varios minutos solo se vieron volar cadenas gruesas y grandes palos como el que Adrián pocos minutos antes había visto en la mochila de Martín. Aquello se convirtió en una batalla campal.
Alguien avisó a la policía y en pocos minutos se presentaron allí, los nuevos amigos de Martín salieron corriendo y Adrián salió de detrás del edificio desde donde les estaba espiando y ayudó a la policía con los datos de Martín y el número de teléfono de sus padres, después llamaron a una ambulancia para poder llevar a Martín al hospital y curarle ya que tenía un par de brechas en la cabeza y magulladuras por todo el cuerpo.
Cuando llegaron al hospital y a Martín ya le habían curado las heridas, de repente por sus mejillas comenzaron a caer dos lágrimas y de su boca salió un lo siento, Adrián le miró y lo único que hizo fue darle un gran abrazo y decirle-¡estás mejor con el pelo largo!-.Los dos sonrieron y desde entonces Martín y Adrián volvieron a ser los amigos que desde pequeños habían sido.